Consejos de mantenimiento de calderas

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Casi la mitad de los hogares españoles se calientan con gas natural cuando bajan las temperaturas, frente a un tercio que lo hace con butano, y el resto mantienen a raya el frío con gasóleo, propano o calefacciones eléctricas.

En la mayoría de los casos, la caldera no sólo se utiliza para subir la temperatura, sino también para calentar el agua de la ducha, por lo que es conveniente revisar periódicamente el aparato para evitar peligros si se encuentra en mal estado. 

Una negligencia en el funcionamiento de la caldera o de la instalación puede aumentar la probabilidad de que se produzca una fuga de gas, una mala combustión o accidentes más graves como la explosión del aparato.

Para evitarlo, es necesario cumplir con la legislación que exige una revisión de la caldera cada dos años máximo y otra inspección de la instalación de gas cada cinco años.

El mantenimiento sirve además para revalidar la eficiencia energética, asegurar que las emisiones de gases no superen los límites permitidos y garantizar la seguridad del sistema.

El consumidor es responsable de estas revisiones y puede contratar a un profesional independiente o recurrir al servicio de mantenimiento que suelen ofrecer los propios fabricantes.

Es importante recordar que no hay que dejar entrar en casa a nadie que no se presente correctamente acreditado y tampoco realizar pago alguno en el momento, ya que es habitual abonar el servicio junto con la factura del mes siguiente.

Para una mayor tranquilidad podemos hablar con nuestro corredor de confianza y consultarle si es posible contratar una póliza específica para estos casos o si nuestro seguro de hogar incluye la reparación de daños materiales en caso de incidente.  

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